Desierto te quiero verde

Karina Villalobos*
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A ver cashanías…tenemos ya unos meses comiendo casi casi juntos. Entre mi manía de andar recomendando cualquier cosa que me guste y exprimirle todo lo posible al desierto, he terminado a cargo de esta plana y créanme, la responsabilidad es enorme.

Hay varias cosas que nos caracterizan a los nacidos en el pueblo donde no pasa nada, ¿verdad?, la principal, es que somos reargüenderos. No hay nada que nos cuenten que no queramos corroborarlo de primera mano. La otra, es que somos bien sinceros, y no nos quedamos callados cuando algo no nos gusta. En otras partes del país a nuestras costumbres las traducen como grosería, y sí, sí somos agrestes y bárbaros, pero ese es precisamente el sabor norteño.casa-olivo-B

Cuando salgo de viaje me maravillo por todo, amo viajar. Se han de imaginar que pruebo cada comida, pregunto todo lo que puedo y tomo fotos de lo que quisiera llevarme conmigo. Y es así, que me traigo en el corazón sabores, imágenes, rascacielos, edificios antiguos, museos, acentos varios y anotaciones para volver. Es en el volver donde siempre está el detalle ¿a poco no?

Tuve la fortuna de viajar desde muy joven, y cuando regresaba me deprimía. Pensaba: aquí no hay nada que hacer, esta ciudad es demasiado plana, el clima es horrible, no se puede caminar, todo mundo habla gritando, no hay museos, no hay cultura,  ¡yo no pertenezco a esta ciudad!

Lo cierto, es que con el tiempo me di cuenta que no era cierto, o más bien, que lo cierto es que aquí las cosas son distintas, nomás que uno batalla un poco para agarrarle la medida al sitio. Ahora sé y estoy segura que yo le pertenezco a esta ciudad tanto como ella me pertenece. Cada que regreso siento un gran alivio al ver la planicie. Les juro que el alma me regresa al cuerpo cuando alguien me habla gritando, y si es verano, recibo el contacto con el calor como si la ciudad me estuviera abrazando.

Es natural enojarse con la ciudad en verano, es natural quejarse mucho de lo que no tenemos, pero uso este espacio para ir enlistando lo que sí tenemos, que es mucho, y es nuestro.

Hace algunos meses fui a comer a un lugar de sushi. Mientras esperaba mi orden escuché que el grupo de comensales a mi lado derecho hablaban de lugares para comer, y yo que soy una muy igualada norteña pa’ pronto empecé a preguntar por sus recomendaciones. Intercambiamos restaurantes y puestos, nombres y ocupaciones, y entre la plática también los planes de un restaurante.

Entre andar investigando, comiendo, trabajando y pasar los meses de verano con poco movimiento físico por el calor, estoy en ese punto donde de verdad me urge ser un poco más sana. Pero no es fácil, además, muchas de las cosas que tenemos catalogadas como sanas carecen de verdadero sabor. Para mi sorpresa el restaurante de los planes del que les platicaba es una opción real en cuanto a comer sano y no sólo rico, sino increíblemente manchoso y sabroso.

casa-olivo-B-2El lunes pasado me dirigí a Verde Olivo acompañada de mi amiga Priscila, llegamos temprano y listas para empezar con el pie derecho la semana. Nada más sentarnos nos sirvieron un aromático y robusto café. Revisamos la carta pero optamos por pedir recomendaciones. El lugar es pequeño pero bien distribuido en dos pisos. Los colores son cálidos, todas las mesas tienen listas las coloridas tazas para el café, la decoración remite a la tierra, a lo cálido y a sentirse en casa, pero en una casa mexicana.

Recibimos nuestros platos y les juro que desde ese momento no dejamos de hacer exclamaciones de alegría. Mi desayuno consistió en un omelette de claras relleno de queso panela, cebollitas, espinacas y un guiso de Jamaica, además de estar bañado por una riquísima salsa de chiles ahumados y acompañado de frijoles negros molidos. Del otro lado de la mesa, Priscila recibió un tarro de muy buen tamaño que se veía tan bonito que daba pena comerlo. Los elementos en el interior eran: avena, crema de cacahuate (hecha por ellos), miel de abeja, manzana y un buen de frutos rojos.

Mi omelette fue toda una oda al sabor, se nota que el platillo fue pensado detenidamente, ya que la suavidad del panela contrasta de manera precisa con la salsa, el guiso de jamaica le otorga un factor sorpresa, y en ningún momento me vi tentada a agregarle sal o sentir que faltaba algo. En cuanto a la avena, (le tuve que gorrear un poco a mi amiga para describírselas), puedo decirles que era una de esas combinaciones que son el balance suave entre dulce y salado,  además, la crema de cacahuate le otorgaba ese toque con el que no te sientes abrumado por lo muy sano.

A medio desayuno llegó a acompañarnos Óscar Sandoval, el cerebro detrás de esta cocina. Atento y sonriente quiso saber nuestras impresiones y con gusto nos contó cómo nació la idea de este negocio. Oscar no es mexicalense, pero al estudiar en una universidad de la ciudad y después de viajar a lo largo y ancho del país en diferentes cocinas, optó por Mexicali como el lugar ideal para desarrollar sus ideas.

Lo curioso de este lugar es que nació a partir de un café que probaron Óscar y su esposa Ana en Michoacán, pensaron en venderlo, después en acompañarlo de algo y al final terminaron por diseñar todo un menú con lo que ellos querían encontrar en un lugar para comer.

Hace apenas 2 meses abrieron sus puertas y están felices, ya que todo el que llega también regresa. El menú es extenso y ofrece combinaciones de frutas, granos, omelettes, huevos, chilaquiles, ensaladas, pitas, sándwiches, paninis y frutés, que son bebidas a base de té negro o verde combinados con puré de frutas. La garantía de este lugar es el total control de la calidad de los ingredientes, ya que buscar bienestar físico y espiritual no está peleado con el placer de comer bien rico.

Óscar dice que su esposa no es de aquí y aún no entiende bien a la ciudad, así que cuando se desespera él la saca a ver el atardecer y con eso, todo vuelve a su lugar. ¿Ven? Aunque sea difícil, si se aprende a querer al pueblo.

Verde Olivo está ubicado en Plaza Toscana por la Calzada Cetys. Abren de lunes a sábado de 6 am a 7 pm,  y son la prueba de que aquí sí se puede comer rebien.

*Mexicalense, comunicóloga e historiadora por la UABC, voz de radio en 90.7 y directora de Punto 56 Centro de Estudios Fotográficos.

*Esta colaboración fue publicada originalmente en La Voz de la Frontera el 6 de agosto de 2016.