Chicali tragón

La casa donde te derrites de amor

Karina Villalobos*
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Hace unos días platicaba con un amigo de Monterrey que por cuestiones profesionales ahora vive en Tijuana. Me contaba que la primera parada de su actual trabajo fue en la ciudad de Hermosillo, pero que a los pocos días la locura empezó a apoderarse de su cabeza. Para su buena suerte el trabajo cambió de sede y tuvo que mudarse a Tijuana, antes de aceptar (ya que la locura lo estaba haciendo pensar en volver a Monterrey), preguntó si Tijuana era una ciudad con cerros. Había llegado a la conclusión de que era la línea infinita del horizonte desértico lo que lo estaba llevando a perder la cordura.

galletas-sideBMe reí mucho de su historia, porque es justo lo contrario conmigo. Mis referencias naturales son la planicie, y cuando estoy de viaje y alguien me dice bajas x cuadras o subes, es como si me hablaran en chino. La cosa se pone peor cuando alguien usa a un cerro como referencia, porque para mí todos los cerros son iguales.

En mi camino de regreso mientras manejaba por la Rumorosa no pude dejar de pensar en esa plática. Miré desde lejos el valle y a mi adorada planicie en colores pastel. Mi amigo dice que no conoce un solo mexicalense que esté sano... chicos, no pude debatirle ese punto, porque créanme, yo tampoco.

La locura es un valor compartido con la que se construyen cosas a diario: pequeños universos refrigerados, con ambientes controlados donde nos refugiamos y encontramos el gusto de estar vivos. Somos expertos en tener los sentidos listos y dispuestos para llenarnos de experiencias que no se relacionen con la la planicie, el calor, y el cielo sin nubes.

Hace algunos meses escuché una conversación ajena, hablaban de una pareja que estaba haciendo postres franceses, por la Colonia Nueva, y uno de ellos aseguraba que dejó de comer sólo porque ya no traía más dinero en la cartera. Rápidamente me presenté en el lugar y teniendo como pretexto la sección de radio de Las Cuarenta, hice algunas preguntas y compré algunas piezas para compartirlas con mis amigos. La pequeña degustación casera fue un éxito, sin embargo, no había tenido tiempo de volver con más calma e investigar en forma hasta esta semana.

Seguramente ya han pasado por la discreta esquina donde está ubicada Casa Allary, pero si solo han pasado es porque nadie les ha dicho que tras esas paredes se esconden veraderas joyas comestibles. Casa Allary es en realidad una pareja: Jean Phillipe y Edelna, quienes para nuestra buena suerte han apostado por Mexicali como centro de operaciones. Jean Phillipe es cachanilla, Edelna tijuanense, ambos estudiaron gastronomía y gracias a ello se conocieron y son pareja. La práctica culinaria los llevó a diferentes destinos para trabajar y aprender, pero fue en Nueva York dónde la repostería francesa se convirtió en la experiencia que determinaría lo que hoy es un hermoso negocio familiar.

Mientras platican conmigo trabajan sin parar en la cocina, Jean Phillipe me cuenta que su primer amor fue el pan y que siendo adolescente anunció que quería ser panadero. Obviamente no obtuvo en aquél momento una respuesta positiva, eso de ser chef en esta ciudad es un gusto que apenas empieza a valorarse. Así que después de varios intentos universitarios en otras áreas por fin obtuvo el respaldo de su familia. Su pasión y dedicación ha sido tal que son ellos sus más entusiastas promotores. De hecho, es Patricia, su madre, quien con una gran sonrisa atiende a los clientes en el lugar.

La idea de iniciar un negocio de repostería nació por accidente: Edelna trabajaba como chef ejecutivo en un hospital de Tijuana, su entonces jefa le pidió tartaletas para un evento, el éxito fue arrollador, la cuñada cachanilla empezó a presumirlos y vender por encargo, y de repente la pareja estaba viajando cada fin de semana desde Tijuana a Mexicali y regresándose con las manos vacías y una lista llena de pedidos. En octubre del año pasado encontraron este local, abrieron en diciembre y desde entonces no han tenido un solo día de descanso.

pan-sideBPara mí, el problema principal en este lugar es que todo se ve hermoso, es difícil elegir. Pregunto y obtengo estas fascinantes respuestas: eso es un mousse de mango glaseado con chocolate blanco sobre galleta de coco decorado con pétalos de margarita; el rosa es un mousse de fresa con coco sobre bizcocho de coco, este otro es un mousse de mezcla de chocolates, tenemos macarons rellenos de nutella, este otro es un macaron con frambuesas... Obviamente no puedo decidir.

Les pido me sirvan lo que más les gusta, eligen el pan menos atractivo visualmente: un cuernito de almendras. Me siento y mientras sigo escuchándolos doy el primer mordisco: SORPRESA, así, con mayúsculas. Lo que se veía como un pan sencillo tiene una consistencia tan delicada y amantequillada que juro me derretía de amor. No sé que cara puse, pero Jean Phillipe, Edelna y Patricia ríen, saben que su conquista ya no tendrá retorno.

Después de recuperarme del impacto de ese cuernito sigo haciendo preguntas, me emociona mucho su filosofía como reposteros: aman ir evolucionando sus recetas, las maduran con el tiempo. Me dicen que lo que pruebe hoy va a saber diferente cuando regrese, ya que van añadiendo descubrimientos y aprendizaje a cada creación. Si llegan por la tarde y quedan pocos postres en existencia no se molesten, en Casa Allary todo es fresco, solo se elaboran las piezas que se venderán durante ese día. Y es que Jean Phillipe asegura: “¡No estamos jugando a la repostería!”.

Les creo, no hay manera de no créerles. Hasta el día de hoy Casa Allary ha ido ganándose la fidelidad de cada persona que se detiene en esa discreta esquina. Edelna y Jean Phillipe aseguran tienen a los clientes más amorosos que hayan podido pedir. Haber elegido iniciar este negocio en Mexicali puede ser considerada una señal de locura, y sí, tal vez lo fue, pero la locura es agradecida, abrazada y disfrutada por todo buen cachanilla, así que gracias y continúen revolucionando esa cocina.

Casa Allary está ubicada en Larroque esquina con calle G en la Colonia Nueva. Abre de martes a sábado de 11 am a 9 pm y los domingos de 12 a 7 pm, descansan los lunes. Recuerden, todo lo que tenga el postre se come, y no importa si se manchan las manos y la cara, para eso existen las servilletas: ¡bon apetit!

*Mexicalense, comunicóloga e historiadora por la UABC, voz de radio en 90.7 y directora de Punto 56 Centro de Estudios Fotográficos.

*Esta colaboración fue publicada el 16 de julio de 2016 en La Voz de la Frontera